El gas de Cuyisea
Nilton Torres Varillas Diario La República - Revista Domingo - Lima February 2005
Sin duda, el gas de Camisea es la vedette del momento y todos hablan de sus grandes bondades. Entretanto, una pareja de inquietos ingenieros agrónomos ha desarrollado un proyecto del que también obtienen gas natural combustible. Todo eso a partir, agárrense, del guano de cuy.
De las entrañas de La Convención, en Cusco, llega hasta nosotros el gas de Camisea. Pero a pocos kilómetros de Lima, en medio de la campiña de Pachacámac, se encuentra otro yacimiento gasífero al que podríamos llamar, con toda justicia, el gas de 'Cuyisea'.
Energía renovable obtenida de las excreciones de los cuyes. Sí, esos mismos cuyes que se comen chactados en las mesas andinas. Luz y fuego producido por el guano de estos roedores a través de una tecnología que no es nueva, pero que había sido olvidada y dejada de lado.
Desde hace diez años, Ulises Moreno y Carmen Felipe-Morales, dos ingenieros agrónomos, ex docentes de la Universidad Agraria y propulsores incansables de lo que llaman agricultura sustentable y ecológica, se encargan de desarrollar un proyecto muy interesante en su finca.
Con mucha convicción, Ulises asegura que para ellos nada es basura y que todo puede ser un recurso natural al que se puede recurrir para obtener cosas buenas. Como el gas.
Gran estómago
¿Y cómo se obtiene gas del guano del cuy? Pues a través de lo que se llama un biodigestor. Este es un depósito de proporciones variables, cerrado herméticamente, en el que se produce la fermentación anaeróbica del excremento de los roedores, produciéndose así lo que se denomina biogás.
Ulises dice que la mejor descripción de cómo funciona este sistema la dio un niño que los visitó. El pequeño, curioso como todos los de su especie, lo acompañó mientras abrían una de las compuertas del biodigestor y, con un gesto de desagrado, dijo que "olía a pedo". Precisamente esta afirmación -con el perdón de algunos susceptibles- describe cómo funciona el biodigestor, el cual opera como un gran estómago.
"Le dije al niño que efectivamente el biogás era el pedo del biodigestor, el que luego se transforma en luz y en fuego. Entonces, el chiquito se quedó en silencio y enseguida preguntó: ¿y por qué mis pedos no hacen lo mismo? Le respondí que los suyos eran muy pequeñitos y débiles. En cambio los que salían del biodigestor eran 'pedotes'. Comprendió de inmediato", recuerda sonriente.
El biodigestor que poseen los esposos Moreno Felipe-Morales es de diez metros cúbicos y corresponde al modelo que emplean en China y en otros países asiáticos.
Preparando la 'digestión'
Todo comienza con la recolección del guano del cuy. En este caso, Ulises y Carmen tienen alrededor de 1,000 cuyes que, en promedio, producen unas tres toneladas mensuales de guano. Inicialmente, y una vez por año, el biodigestor recibe una carga preliminar que sirve de base para las siguientes cargas periódicas.
Carmen explica que esta base se crea haciendo una mezcla de diversos elementos. Lo primero es elaborar lo que llaman un pre compost. "El compost es un abono natural que se crea mezclando los rastrojos de las cosechas con el guano de los cuyes, y luego se deja a la intemperie para que se degrade aeróbicamente durante algunos meses. El pre compost es esta mezcla, pero solo con un mes de degradación", ilustra la ingeniera.
A una tonelada del pre compost se le añade bazofia de ganado vacuno recién sacrificado, una sustancia que ebulle de las llamadas bacterias metanogénicas, generadoras de gas metano. Luego esta masa se diluye con unos 200 litros de agua y se le arroja al biodigestor.
A los pocos días ya empieza a producirse un gas natural que luego se convertirá en el biogás, el que está compuesto por un 70 por ciento de metano y un 30 por ciento de dióxido de carbono.
Periódicamente se alimenta el biodigestor con una mezcla del guano del cuy y agua en proporción de 3 a 1, o sea 50 kilos de guano por 150 litros de agua. Cargas que, dependiendo del uso del gas, pueden ser semanales o interdiarias.
Pero no solo se genera biogás, sino también -durante el proceso de creación del combustible- desechos líquidos que son un excelente abono debido a su alta concentración de fitohormonas. Ulises y Carmen llaman a este fertilizante Biol.
En la granja de los ingenieros las cocinas y algunas lámparas de sistema petromax están conectadas al gas de 'Cuyisea'. Cualquier cocina puede funcionar con este sistema, pero antes hay que hacer algunas modificaciones, que consisten en agrandar los agujeros del ingreso y la salida del gas.
El próximo paso
Ulises y Carmen no cesan en sus investigaciones y continúan experimentado -apoyados por estudiantes de la Agraria, UNI, Villarreal y Alas Peruanas- con estiércol de otros animales. Hasta el momento han hecho pruebas con guano de vacunos, cerdos y aves de corral, pero ninguno produce un biogás mejor que el desecho de cuy. "Aunque el guano de codorniz también genera un biogás de muy buen calidad", aseguran.
En lo que sí han tenido éxito, aunque en fase experimental, es con el uso de su biogás para alimentar un generador y producir energía eléctrica. Junto con dos jóvenes ingenieros de la UNI, los esposos Moreno trabajaron en la adaptación del carburador e inyectores del generador para que este funcione con el biogás. El resultado: lograron mantener encendidos 25 focos de cien watts durante cuatro horas, y solo con una carga normal del biodigestor.
"Esto mismo va a ocurrir con el gas de Camisea, pero nosotros ya lo estamos poniendo en práctica con nuestros biogás", dice orgulloso Ulises Moreno.
El sueño de la pareja es que esta tecnología se aplique en todas las zonas rurales del país, ya que todos los campesinos, por muy pobres que sean, siempre van a tener animales y cultivos, la materia prima para generar biogás.
Ulises va más allá y reclama al gobierno que apoye el desarrollo de este tipo de tecnologías que no son demasiado costosas. "Un biodigestor de cinco metros cúbicos es suficiente para proporcionar a una familia -de cinco o seis personas- gas y fertilizantes. Solo necesitarían tener unos 300 cuyes y la naturaleza haría el resto", agrega.
En su pequeño paraíso, donde no hay nada que se desaproveche, Ulises y Carmen continuarán sacándole provecho a todo, y viviendo con orgullo por ser propietarios de su propio yacimiento gasífero. Aunque sea el de 'Cuyisea'.
Tecnología en reposo
Los biodigestores llegaron al Perú durante la década de los setenta, en pleno gobierno militar y reforma agraria. Según cuenta la ingeniera Carmen Felipe-Morales, el desaparecido Itintec (lo que es ahora Indecopi) auspició la construcción de unos cien biodigestores en todo el país. Estos fueron entregados a comunidades campesinas y cooperativas a fin de dotar a los agricultores de una fuente de energía natural y a su alcance. Cuenta la ingeniera que, por lo que sabe, solo un biodigestor de esa época de mantiene en funcionamiento y se encuentra en el valle de Sihuas, en Arequipa. Aquí, en Lima, el colegio La Inmaculada tiene desde hace algunos años uno de estos ingenios, aunque ellos solo lo utilizan para obtener fertilizantes.

